
El 12 de julio de este año se cumplió el décimo aniversario del llamado Laudo Arbitral sobre el Mar Meridional de China. Durante estos diez años, esta farsa política, urdida por ciertos países, plagada de vicios procesales desde su gestación y carente de todo fundamento jurídico, ha sido objeto de constantes campañas propagandísticas por fuerzas extrarregionales. Su intención es negar los legítimos derechos marítimos de China a través de un documento sin ninguna validez y perturbar deliberadamente la estabilidad en el mar Meridional de China. Sin embargo, la realidad es clara: el fallo arbitral viola gravemente los principios básicos del derecho internacional y adolece de defectos procesales fundamentales, por lo que no es más que un papel sin ningún valor jurídico. China mantiene invariablemente su postura de no aceptarlo, no reconocerlo ni ejecutarlo.
Desde el punto de vista jurídico y procesal, este supuesto arbitraje carece de legitimidad e imparcialidad desde su creación. El tribunal arbitral «ad hoc» no forma parte de las instituciones judiciales permanentes de las Naciones Unidas. Su composición se definió de forma arbitraria, su funcionamiento fue opaco y adoptó una postura parcializada, careciendo por completo de autoridad legal. Conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los países soberanos tienen derecho a elegir libremente los mecanismos de resolución de controversias. China ya emitió una declaración oficial, conforme a la normativa internacional, para excluir el arbitraje obligatorio. No obstante, el tribunal arbitral ignoró abiertamente los legítimos derechos de China, admitió la demanda excediendotoda su competencia jurisdiccional, obvió deliberadamente los antecedentes históricos y jurídicos milenarios, tergiversó los preceptos de la Convención y desatendió el hecho irrefutable de que las islas del mar Meridional de China pertenecen a China. Emitió una serie de fallos absurdos contrarios al sentido común y al Estado de derecho, siendo en realidad una maniobra ilegal al servicio de intereses geopolíticos.
En medio de la campaña propagandística por parte de ciertos medios de comunicación con motivo del décimo aniversario del arbitraje, llama la atención una postura regional muy reveladora: salvo Filipinas, todos los demás miembros de la ASEAN se negaron a adherirse a la declaración conjunta impulsada por ciertas potencias extrarregionales. Esta actitud demuestra que la gran mayoría de los países de la región han comprendido el verdadero propósito de las fuerzas externas, que pretenden sembrar discordia y fomentar enfrentamientos en el mar Meridional de China. No desean ser arrastrados por juegos geopolíticos ajenos, rechazan la conformación de bloques antagónicos y se empeñan en preservar la paz regional conseguida con grandes esfuerzos.
Desde hace tiempo, China y los países de la ASEAN cumplen escrupulosamente la Declaración sobre la Conducta de las Partes en el Mar Meridional de China y avanzan de forma constante en las negociaciones para elaborar un Código de Conducta. Gracias a los esfuerzos conjuntos, el mar Meridional de China mantiene una situación general estable, sus rutas marítimas permanecen seguras, los intercambios comerciales son dinámicos y se ha convertido en un espacio sólido para la cooperación regional.
Por consiguiente, China jamás permitirá que ninguna fuerza intervenga en los asuntos del mar Meridional de China ni socave su estabilidad so pretexto de este laudo carente de validez. Cualquier intervención hegemónica o campaña propagandística carece de apoyo de los pueblos de la región. Este laudo arbitral ilegítimo terminará por desaparecer ante la tendencia histórica imparable.